La piscina elevada resuelve un problema real y lo resuelve bien. El error habitual es elegirla por precio cuando el problema que uno tiene no es el precio.
Lo que gana
- Plazo. De días a un par de semanas frente a las semanas de una obra.
- Movimiento de tierras casi nulo. Es donde está el ahorro grande, no en el vaso.
- Reversible. Se puede desmontar; una enterrada, no.
- Seguridad con niños pequeños. El borde alto es una barrera física por sí mismo. No sustituye a un vallado, pero ayuda.
Lo que pierde
- Integración. Una elevada se ve. Con una buena tarima queda bien; sin ella, canta.
- Vida útil. Depende mucho del material y del revestimiento. La estructura suele durar; el liner es consumible y se cambia.
- Revalorización. Aporta bastante menos que una enterrada.
- Profundidad y forma. Vas a elegir de catálogo.
La cuenta que hay que hacer, y que casi nadie hace
Comparar el precio de compra es engañoso. Lo que hay que comparar es el coste a diez años: compra, instalación, permiso, consumo anual de agua y luz, productos, y las sustituciones previsibles del revestimiento. Una elevada barata con un liner que hay que cambiar cada pocos años puede acabar costando más que una enterrada modesta.
Pide a cada empresa que te dé, por escrito, el coste anual estimado de mantenimiento. Quien no sepa dártelo, probablemente tampoco vaya a estar cuando lo necesites.
El detalle técnico que decide
Si la elevada se apoya sobre una solera mal ejecutada, el vaso trabaja mal y aparecen deformaciones y fugas. Es el fallo número uno de este tipo de instalación y no se ve hasta el segundo o tercer año. Pregunta el espesor de la solera, si lleva mallazo y quién la ejecuta. Si la respuesta es «con que esté plano vale», busca otro proveedor.
Compara empresas de tu ciudad antes de decidir: en este tipo de instalación la diferencia entre un buen instalador y uno malo se nota mucho antes que en una obra.
