Es la pregunta más repetida entre quien ya tiene piscina. Y arrastra un malentendido: la piscina de sal no es una piscina sin cloro. Es una piscina que fabrica su propio cloro a partir de la sal, mediante un equipo de electrólisis.
Cómo funciona la electrólisis salina
Se disuelve sal en el agua, en una concentración muy inferior a la del mar. El agua pasa por una célula que, con corriente eléctrica, convierte el cloruro en cloro activo. Ese cloro desinfecta, y al hacerlo vuelve a convertirse en sal. El ciclo se repite.
Qué ganas
- Confort. El agua es más suave, huele menos e irrita menos ojos y piel, porque no hay picos de concentración como al echar producto a mano.
- Menos compras y menos almacenaje de producto químico.
- Dosificación continua en lugar de dientes de sierra.
Qué pierdes o qué te cuesta
- Inversión inicial del equipo.
- La célula es un consumible. Tiene vida útil y se sustituye. Es el coste que más se olvida al hacer números.
- No te libra de vigilar el pH. Al contrario: la electrólisis tiende a subirlo, así que casi siempre conviene un regulador automático. Si no lo pones, acabas con el mismo problema de agua verde que tenías antes.
- Corrosión. El agua con sal es más agresiva con ciertos metales y con algunas piedras de coronación. Consúltalo antes si tienes acero inoxidable o piedra natural.
Cuándo compensa cambiar
Compensa cuando la piscina se usa mucho y de forma continuada, cuando hay personas sensibles a la irritación, o cuando el propietario no quiere estar pendiente cada pocos días. Compensa menos en una piscina de uso esporádico o de temporada muy corta: el ahorro en producto no llega a cubrir el equipo y la célula.
Si te decides, pregunta esto
- ¿Qué producción tiene el equipo y está dimensionada para mi volumen?
- ¿Lleva regulación automática de pH? Si no, ¿cuánto cuesta añadirla?
- ¿Cuál es la vida estimada de la célula y qué cuesta la de repuesto?
- ¿Hay elementos en mi piscina que sufran con la sal?
Para presupuestos, busca empresas de mantenimiento en tu ciudad.
